Gracias por ser historia


14.08.14 | Por Rodrigo Castellano | @deSanLorenzocom | Enviar artículo |

Categoría 89. Lejos estuve de vivir a Los Matadores. Tampoco a los Carasucias ni a los Camboyanos. No pise nunca el Viejo Gasómetro ni supe cómo fue tener que sufrir el destierro y los largos años drambulando por casas ajenas. De Jacobo Urso sólo sé su increíble historia y obviamente no les pasé ni cerca a Farro, Pontoni y Martino. Lángara fue para mí el protagonista de una de las historias más repetidas por mi abuelo, el que me estampó estos colores desde chiquito. Siempre decía: “El Vasco se vino de México en barco. Dos semanas de viaje, se bajó y a las dos horas estaba en el Gasómetro jugando contra River…y cuatro goles les hizo a las Gallinas”. Y yo miraba, imaginaba y preguntaba. Quería entender los motivos de ese amor. Necesitaba saberlos para contagiarme de pibe. Y él contestaba obvio. Sacando pecho, orgulloso de la historia de su club.

Del 95 me acuerdo poco y más que nada por videos. No estuve en Rosario. No me llevaron. Me acuerdo de la pantalla dividida, del cabezazo del Gallego, del gol de la Chancha en La Plata. Tengo también, en mi cabeza, la imagen de un Nuevo Gasómetro lleno de gente desde los hombros de mi abuelo, y una bolsita con pasto de la primera vez que pise esa cancha. Fue el único festejo que compartí con él y desde ese día me obligué a tomar la posta, para algún día continuar yo con esta cadena.

Y en poco más de dos décadas fui juntando alguna que otra historia futbolística que en algún futuro espero transmitir. Podré hablar, cuando me toque, del equipo del Ingeniero. El mejor campeón de la historia de los torneos cortos. 13 al hilo metió, y para colmo seis meses después levantó la primera copa internacional de la historia del club. Contaré también que otro Gallego (no el del cabezazo) nos quiso acostumbrar a ganar copas y nos dio un año después un joven torneo que arrancaba ese mismo año. No fuera a ser cosa que nos pasara otra vez cómo con la del 60, esa que según mi abuelo habíamos regalado.

Dedicaré algún relato al equipo de Ramón. Al Pocho, a la Gata, al Cuqui. A la caprichosa que se nos escapó por un irresponsable malabarista (no todas son buenas). Mostraré con videos, porque si no será difícil de creer, que hubo un equipo al que todos lo dieron por muerto salvo nosotros, que nos agradeció no dándose nunca por vencido. Combatió a Leprosos y a Santos de otros lugares y llegó a la Gloria en Córdoba para desahogarse de vuelta en casa. Juraré que apenas 18 meses después de haber tocado fondo llegamos a lo más alto. En Liniers, y en un lugar con muy poquita gente (de los nuestros), llegó el primero de los guiños divinos que alguien gestionó para nosotros.

Y ahí, sólo ahí por una cuestión cronológica (si no habría arrancado con esto), me frenaré para hablar un rato del equipo que mejor representó a mi generación. El primero que yo vi y que probablemente algún conocedor de la historia me permitirá incluir entre los grandes del club. No por lo futbolístico. Porque aunque tenía algún destello de magia, no daba espectáculo. No llenaba los ojos. No goleaba (no, lo del Bolívar no fue normal). Pero te daba la tranquilidad de saber que para ganarle, los iban a tener que matar a todos.

Y tenía un 10 a la cabeza que fue protagonista de casi todas las historias que tengo para contar. Que deslumbró, se fue, y volvió para cerrar un par de bocas. Que lloró con nosotros. En las malas de impotencia, y en las buenas de emoción. Que se tuvo que equivocar para que nos diéramos cuenta de que era humano, y que lo reconoció para que no nos olvidáramos qué clase de humano era.

Y casi a la par de ese querido narigón, había un Pelado que pareciera haber nacido en Boedo. En San Juan y Boedo. Ahí, parido en Homero Manzi. Si no es imposible que haya aceptado venir cuando nadie quería. Cuando eran 8 corriendo alrededor del NG. No puede ser, si no, que jugara de esa manera. Que aguantara en la altura o en el llano de igual forma. Que corriera como un pibe de 20, teniendo 34. No se explica entonces cómo llevaba la cinta (cuando no está el 10) con tanta autoridad y orgullo.

Porque además cerraba el arco el Cóndor con las alas más grandes del mundo, que a veces se aprovechaba de su colega de manto blanco que aparecía sólo cuando las Papas quemaban. Y había un león en la defensa que también se hizo grande en la mala. Porque el 2 y el 6 aguantaban, espalda con espalda lo que viniera, y ese talibán barbudo se contagió un poco del loco al que le tocó reemplazar y encima dejaba un surco por su banda. Porque al lado del Pelado estaba su socio, el Gordo, ese que no erraba un pase. El guapo de los nervios de acero. El que siempre veía como por derecha pasaba el pibe más rápido del mundo. El que se la hacía llegar al mago que, dando vueltas como siempre, volvió del Norte para jugar la Copa hasta que lo dejaron. Porque arriba, acompañado de un rejuvenecido crack, estaba el obrero del fútbol. El 9 menos egoísta de la historia. El que no vivió nunca del gol, sino del laburo. Y porque afuera los bancaban todos. El que se vino de Italia para rendir una materia más en la carrera de ídolo. Los dos que les ganaron la pelea a sus rodillas. El Gringo loco que nunca se guardó nada. Los que jugaban, los que no, los médicos, los ayudantes, los utileros. Todos estaban metidos. Comprometidos mejor dicho.

Me tendré que extender en el relato para contar porqué dejé afuera al Ángel del grupo. A ese que desde chiquito le encomendaron lo divino. Al que lo confirmó el mismísimo Papa. El que nos devolvió la alegría de cantar por los pibes. Al que el corazón lo dejó afuera de lo más importante. Pero el que, gracias al corazón de sus compañeros y los millones de Cuervos, será siempre parte de esta historia.

Podré seguir hablando horas de las hazañas. Del duro empate en Quito que nos mató las ilusiones; de gritar goles ajenos en el Maracaná para volver a sentirnos vivos; de la locura de ver un partido en el Nuevo Gasómetro y escucharlo en Chile. De haber fletado a los cucos para que los otros, los que muertos de envidia buscaban desmerecer, dijeran que esa fue una copa mediocre. De golear para llegar a lo más alto y no marearse. Del gol agónico que nos bajó a la realidad y nos frustró un festejo anticipado.

Daré miles de detalles de lo que fue el Nuevo Gasómetro el 13 de agosto del 2014. Confesaré que éramos todos, los miles, un manojo de nervios. Que tratando de calmarnos nos poníamos aún peor. Supondré siempre que contagiamos a los jugadores y analizaré, aunque a nadie le importe, que fue el peor partido de toda esta historia copera. Destacaré al palo salvador y a esa mano que se levantó en el área. Nuestra mano de Dios (un guiño más desde Roma). Me acordaré que, después de esa mano, tuve el único minuto de tranquilidad en todo el día. Porque el Gordo no erraba. Y no lo hizo. Cerraré contando que apenas pasadas las 11 de la noche estábamos todos llorando. No hubo uno que al que no se le haya caído alguna lágrima de alegría, recordando al que no estuvo, o los muchos años de sufrimiento. Diré con orgullo que viví para ver el día más importante de la historia del club.

Y por eso les agradezco, jugadores. También a los dirigentes, y al cuerpo técnico. Pero sobre todo a los jugadores. A los once que salieron a la cancha y a los que apoyaron de afuera también. Porque ya no van a poder hacerme creer que todo tiempo pasado fue mejor. Que ídolos eran los de antes. Que nunca iba a ver un equipo como los de los libros de nuestra historia. Porque ya voy a tener, cuando alguien me pregunte, una historia para contar y sacar pecho orgulloso. Porque van a ser mi caballito de batalla cuando quiera convencer a alguien, con fútbol, de que estos colores son la mejor elección. Porque voy a poder, el día que me encuentre con mi abuelo, decirle que yo también le puedo hablar de la historia grande de San Lorenzo. Gracias por ser historia.

A lo campeón


16.02.14 | Por deSanLorenzo | @deSanLorenzocom | Enviar artículo |

Ayer volvió el campeón al NG. Sí, se tomó una semanita más de vacaciones para que esto sea un poco más parejo, pero ayer decidió regresar para empezar de una vez por todas el 2014, para sumar por primera vez, y para emparejar la historia ante la Academia de Avellaneda.

Volvió en su versión 2013. Con ese Cóndor que, como lo había hecho en Liniers a fines del año pasado, abrió de vuelta sus alas bajo los tres palos y salvó por duplicado el primer triunfo de Bauza en Boedo. Con ese imán pelado parado en la mitad de la cancha, atrayendo todas las pelotas que le pasan cerca, y las que no también, siendo con la recuperación el primer eslabón de un equipo que pretende jugar siempre con la pelota en sus pies. Hasta volvió Nacho, el distinto, el mágico, el de las zancadas largas y las gambetas impredecibles; el goleador Cuervo del torneo; el de los goles a Rafaela, a Gimnasia, a Belgrano. En definitiva, esos pilares que llevaron a Boedo a lo más alto del podio fueron vistos de vuelta ayer en el NG.

Pero esta vez fueron acompañados por un par de caritas, algunas viejas, otras nuevas, que si se acoplan a la columna del campeón lo van a ayudar bastante en su objetivo de repetir. Porque apareció abajo un moreno con personalidad que vino a hacer firme una defensa poco solida. Ese 23, de color chocolate, poco dulce para la comparación, demostró alguna falencia técnica pero rápidamente la cubrió con su temperamento. Y cerquita de él se vio la mejor versión del Buffa versión lateral, alcanzando sus mejores épocas como volante en años de duras peleas por seguir en primera. Y como si a este equipo le faltara algo, al 9 (el 22 para la vista) se le abrió el arco, y por si alguno ya empezaba a dudar de sus condiciones tiró una pirueta para marcar el único gol(azo) de la noche y darle el primer triunfo a sus nuevos compañeros.

Así es entonces que volvió San Lorenzo. Que una semana después que todos recuperó su nivel del año pasado, y sacó adelante un partido complicado volviendo a tener los mismos puntos altos que el año pasado, pero agregándole algunos cositas nuevas que pueden ser interesantes. Así volvió el campeón: jugando a lo campeón.

Se cae de inmaduro


24.10.13 | Por deSanLorenzo | @RodriCastellano | Enviar artículo |

San Lorenzo volvió al Sur, donde no ganaba hace 9 años, en busca de tres puntos que lo subieran a la punta pero se volvió con las manos vacías. Los de Pizzi supieron dar vuelta un flojo arranque pero por dos errores propios se terminaron quedando sin nada, y todavía a tres de la Lepra. El torneo, parece que se aleja demasiado.

La base está, diría el Bambino. El equipo se sabe a qué juega. Después de mucho tiempo tiene un estilo y pocas veces se ve superado por un rival. Y hoy en Lanús lo demostró. Desde el arranque complicó al Granate y hasta pudo haber pegado primero. Pero esas cosas del fútbol quisieron que el rebote de un tiro de Piatti que pedía arco quedara en poder de los locales, y un contraataque agarrara mal parado al fondo de los visitantes. Fue 1 a 0 y a remarla desde atrás.

El planteo no cambió. San Lorenzo se acomodó tras el golpe, se hizo dueño de la pelota y siguió complicando a Lanús. Las chances fueron llegando y con las chances los goles. Primero Gentiletti tras un corner, después el Pipi ayudado por un desvío. El Ciclón lo dio vuelta y se animaba a ilusionarse con pelearle a Newell’s.

Pero en el momento en el que había que sacar chapa de candidato el equipo de Pizzi volvió a caer. Y otra vez pecando de inmaduro. De verde, por decirlo de alguna manera. Con errores puntuales. Falta tonta de Piatti, salida tardía de Torrico, error con la pelota de Gentiletti. Y Lanús, uno de los equipos con mejores delanteros del torneo no perdona. De ahí la frase del técnico, mal sacada de contexto: “No recuerdo más errores que los de los tres goles”. Para pelear un torneo son más que suficientes. Los equipos de jerarquía aprovechan todo. Y a San Lorenzo le volvieron a costar.

Ahora habrá que seguir trabajando para corregir. Para que esa base futbolística que tiene el equipo, esa identidad, esa superioridad que muestra en muchos partidos, sea suficiente para sacar ventaja en el marcador. Para superar a los errores propios, mientras se los corrige para que no aparezcan más. Porque otra vez, este equipo demostró que se cae de inmaduro.

La selección, la selección…


8.10.13 | Por deSanLorenzo | @deSanLorenzocom | Enviar artículo |

Finalmente, y a pesar de los rumores, Alejandro Sabella dio la lista de convocados del fútbol argentino y no incluyó al Pichi Mercier, permitiéndole al volante central, ex Argentinos, seguir entrenando con San Lorenzo y disputar la final de la Copa Argentina el próximo miércoles. En su lugar, citó a Leandro Somoza.

Al final el Pichi se queda, y lo festejamos todos. De manera egoísta, porque todos sabemos que se lo merecía. Que hoy en día es más que Somoza. Que desde hace tiempo viene siendo más que Braña. Y que probablemente para cualquier jugador en el mundo, el hecho de que se abra una pequeña –muy pequeña- chance de jugar un mundial es una noticia para celebrar.

Pero dicen que el que se quema con leche ve una vaca y llora. Y la experiencia cercana provocó que el hincha de San Lorenzo no quiera saber nada con la Selección. Porque ya pasaron cuatro años, pero nadie se olvida de aquella vez cuando, con un equipo que desfilaba en el torneo, se llevaron al cinco, pelado, a la figura del equipo (casualidades de la vida), y lo devolvieron con un nivel muy inferior al que tenía. Por eso mejor que a este lo dejen entrenando en el Bajo. Y más ahora que se viene una semana de definición. Que se vienen dos duelos importantes contra Arsenal. Que el miércoles se juega el partido más importante del semestre. ¿Justo ahora lo querían llamar?

Igual, gracias a Dios Sabella no supo apreciar el nivel del Pichi, o nos tuvo compasión, pero al final llamó a Somoza. Y nosotros seguiremos con nuestro volante central, pelado, figura del equipo parado un poco en cada lugar de la cancha, relevando del 1 al 11 a cualquier jugador que por algún momento del partido deba o quiera salir un poco de su posición. Jugando como lo viene haciendo. Sin correr riesgos de que otra vez nos lo devuelvan con un nivel totalmente inferior. Total, como ya cantó la gente varias veces, la selección, la selección…

Traer o no traer


16.09.13 | Por Rodrigo Castellano | @RodriCastellano | Enviar artículo |

El trámite del partido ante Godoy Cruz despertó en todos los hinchas de San Lorenzo una nueva duda acerca del cupo que liberó la lesión de Martín Cauteruccio. ¿Es la falta de definición producto de su ausencia? ¿Deberán los dirigentes salir a buscar sí o sí un reemplazante?

Agarrá cualquier hombre de fútbol. Sentalo a ver San Lorenzo – Godoy Cruz y contale que hace sólo una fecha que el goleador de los de azulgrana se rompió los ligamentos y que su reemplazante natural se desgarró. Decile que, como en siete días no se encontró alternativa potable, que reúna varias de las condiciones impuestas por los dirigentes, no se pudo todavía empezar a negociar con un posible reemplazante. Decile que los dos delanteros que quedaron en el plantel no son de área. Que van más bien por afuera. Que se criaron futbolísticamente acompañando a alguien como Cauteruccio. Una vez que sepa esto, preguntale cuál es el problema de San Lorenzo y su respuesta es cantada: a este equipo le falta un nueve.

Ahora, a ese partido agregale el de River por el torneo, marcale que el 9 de los locales era el tan extrañado punta uruguayo, y destacá que un partido similar se ganó sólo por un gol de penal. Sumale también que uno de los dos puntas que quedan, uno de esos tan acostumbrados a jugar por afuera, terminó siendo el goleador del equipo el torneo pasado con un promedio similar al que llevaba el ex Quilmes en este corto período, y que el otro, entrando como suplente de Caute, se encontró con la red en Avellaneda y en Rosario y liquidó dos partidos demostrando su gran definición. Y no te olvides, insistí en la parte de la falta de nombres fuertes para traer. Recordale que sólo puede ser argentino, que apenas van 7 fechas del torneo y que ningún equipo quiere largar algún nombre fuerte por menos de una millonada inalcanzable para estos tiempos económicos de Boedo. Ahora pedile la solución a ese problema. La respuesta quizás no sea tan contundente.

En medio de ese dilema están los dirigentes de San Lorenzo. Con una incertidumbre a futuro provocada por la falta de definición en el último partido ante el Tomba, y sabiendo que ninguno de los hombres en carpeta reúne las condiciones futbolísticas para parecerse a Cauteruccio, o económicas para ser un jugador alcanzable. Mientras tanto el cupo fue pedido. De ahora en adelante, Boedo tendrá 10 días hábiles para buscarle el reemplazante al goleador. Para decidir si es necesario hacer el gasto económico para cambiar la manera de jugar de este equipo. Para resolver este nuevo problema. Traer o no traer, esa es la cuestión.



¿Tiene San Lorenzo que traer un reemplazante de Cauteurccio?

Sí, es necesario para el equipo.
No, con Verón y Villalba es suficiente.
No, no hay jugadores potables para traer.


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¿Logrará San Lorenzo hacer un papel digno en el Mundial?

Si, recuperará el nivel y será campeon
Accederá a la final
Perderá los dos partidos





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1-2

 

//

vs.

 
Pos Equipo Pts
1 Racing Club 38
2 River 36
3 Lanus 35
4 Independiente 33
8 San Lorenzo  26


Pos Equipo Pts Prom
1 Newell's 134 1.717
2 Lanús 129

1.675

3 Vélez 128 1.641
4 River 126 1.615
5 San Lorenzo 118 1.532

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